jueves, 21 de enero de 2010

PLAN DE 11 AÑOS

La educación pública tuvo como marco los inicios del Plan Nacional de 11 Años (1960-1970), que buscaba acelerar y mejorar el proceso educativo en todo el país. Bajo la dirección del ministro Torres Bodet, el gobierno federal editó enormes cantidades de libros de texto, entregados a los educandos gratuitamente. Se modificaron planes de estudio al reagrupar las asignaturas por áreas y renovar los métodos. Las demandas de la población requerían muchos más profesores y escuelas. En numerosos casos las poblaciones se organizaron para hacer escuelas, caminos y otras obras, dentro del llamado Ejército del Trabajo, que no careció de mística. La recién creada Universidad seguía alojada de manera inadecuada en el vetusto edificio del Instituto Científico y Literario. Se proyectó entonces y se inició una ciudad universitaria al poniente de Toluca.
La consecuencia de 20 años de industrialización, junto con la estabilidad política y la diligencia hacendaria, dieron por resultado que hacia el final del periodo se registrara una sana situación en la economía del estado.
Parecería que el incremento en la educación fue constante. Sin embargo, los aumentos considerables ocurrieron de 1963 a 1966. En cambio, durante los tres años siguientes se redujeron bastante. Ocurrió que el Plan de 11 Años aceleró la integración de masas al sistema educativo primario, aunque frecuentemente sin la calidad deseada. En consecuencia, pronto se llegó a contar con una población numerosa egresada de las primarias, a pesar de las cuantiosas deserciones. Muchos de los egresados presionaban para continuar sus estudios. Y al parecer esto no se había previsto lo suficiente como para dar respuesta inmediata.

El resultado de todo ello fue que a partir de 1967 se inició una nueva reforma educativa, cuya consigna era calidad sobre cantidad: mejores alumnos y mejores maestros. De tal manera, la matrícula de alumnos, que en los primeros tres años del periodo crecía a un ritmo de 43%, bajó a 23% en los siguientes tres años.
En cambio, como una derivación del criterio educativo seguido a partir de 1966, se produjo un aumento considerable en la eficiencia del sistema escolar; pues si en 1963 sólo terminaron la primaria 25.6% de los alumnos que se inscribieron en el primer año en 1958, para 1969 el porcentaje se eleva a 42.8% de los que la iniciaron en 1964. El gobierno de Fernández Albarrán brindó gran apoyo al Instituto de Protección a la Infancia del Estado de México (IPIEM),que se integró con dos grupos de dependencias: unas de carácter educativo asistencial y otras de índole médica asistencial. En ambos casos se erigieron construcciones importantes.

ESCUELA SOCIALISTA

Una de las grandes tendencias que ha existido en la interpretación de la escuela posrevolucionaria fue la reforma socialista.
La escuela que predica la reforma socialista contiene dos ideas fundamentales: una idea de carácter enteramente racionalista, científica. La primera parte del artículo 3° trata de hacer que se explique a los niños, todos los fenómenos de la vida, desde un punto de vista lógico y científico; el por qué de las cosas, el por qué de la vida del hombre, el por qué de la vida de los animales y de las plantas, el por qué de la muerte, el por qué de las enfermedades, en fin, el por qué de todos los fenómenos físicos y sociales, que se observan en la naturaleza. Quitar de la mente del niño, del hombre y de la mujer la mentira que durante veinte siglos se ha llevado con falsedad, con malicia y perversidad, a la conciencia de las generaciones.
Este primer aspecto de la reforma es de gran generosidad y de alta nobleza: privar de la ignorancia a las gentes, hacerles comprender que todas las cosas tienen una base fundamental, que todos los fenómenos de la vida y de la naturaleza, tienen una explicación que da la ciencia. ¡Qué mayor nobleza y qué mayor generosidad puede haber en este propósito de la reforma educativa!
Ustedes saben que en el cerebro de los campesinos y de los trabajadores, se han venido sembrando ideas mentirosas; que en el cerebro de las gentes se han venido infiltrando frecuentemente mixtificaciones y mentiras. Pues el propósito de la reforma del articulo 3° es quitar de la mente de los niños, todas las mentiras que se han sembrado a través de la historia, todas las mentiras que se han llevado al corazón de ellos; quitar de esos corazones las ideas de odio que la civilización ha esparcido.

La escuela socialista debe dignificarse; debe llevarse a un plano de serenidad, no con las agitaciones y violencias con que algunos la han predicado, y que han producido el efecto de que nuestros enemigos la ataquen con calumnias y mentiras. La Escuela Socialista debe ir a todos los hogares; llevar la enseñanza a las regiones más apartadas del país; formar corazones y cerebros más en consonancia con la igualdad social y económica, y evitar esa diferencia que fomentaba la escuela de antaño, de que los hijos de los ricos deberían sentarse en unos asientos, y los hijos de los pobres en otros separados. Que se confundan allí todos y que entiendan que por igual deben trabajar, producir y ser útiles a la comunidad.

ESCUELA RACIONALISTA

La escuela racionalista se planteó como antagónica a la tradicional: opuso al intelectualismo y la repetición el desarrollo de todas las actividades del individuo; al verbalismo la observación directa de la realidad, la acción y el trabajo espontáneo y útil socialmente; la autoeducación y el gobierno de sí mismo frente al autoritarismo; al individualismo opuso la solidaridad, la vida en común, la socialización del esfuerzo infantil, la cooperación; fomentó la coeducación y frente al laicismo opuso la extirpación de los prejuicios teológicos. El maestro debía excitar las energías infantiles. Según su propio autor: "La misión de la escuela consiste en hacer que los niños y niñas ...lleguen a ser unas personas instruidas, verídicas, justas y libres de todo prejuicio, se sustituirá el estudio dogmático por el razonado de las ciencias naturales...siguiendo este camino, ...la inteligencia de los alumnos continuará como enemiga de los prejuicios, serán inteligencias sustantivas, capaces de formarse convicciones razonables, propias, suyas, respecto a todo lo que sea objeto del pensamiento. ...no se educa integralmente al hombre disciplinando su inteligencia y haciendo caso omiso del corazón y de la voluntad. Hemos de proponernos, como término de nuestra misión pedagógica, que no se den en un solo individuo dualidad de personas: la una que ve lo verdadero y lo bueno, y lo aprueba y la otra que sigue lo malo y lo impone.